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Heredia, el detective en la serie de Díaz Eterovic, es un hombre solitario, pensativo, duro, sarcástico pero sentimental. A él le encanta bastante la ciudad en donde vive, Santiago, y conoce muy bien su historia. Es un intelectual con una colección admirable de libros y cuando no está leyendo, escribiendo o cumpliendo su papel de detective, comparte su vida con su gato, Simenon.
Ejemplos textuales:
De su sarcasmo-
Al entrar un hotel de poco prestigio:
—Quiero una pieza para mí y mi amigo— dije, al tiempo que acurrucaba a Simenon entre mis brazos.
—El hotel no admite animales — graznó la vieja.
¿Se ha fijado en sus clientes?
(página. 22, edición LOM)
De su lado tierno-
Griseta, la muchacha que tiempo atrás había llegado a mi oficina era algo más que un recuerdo. Por las noches, la imaginaba entre mis brazos hasta que el sueño me vencía y podía sentirme satisfecho de haber sobrevivido un día más. Su optimismo, la risa, el frescor de sus sueños me habían doblado la mano. Fue bueno entregarse y creer, aunque su partida hubiera llegado antes de tiempo, en un amanecer desganado, después de hacer el amor, prender unos cigarrillos y acompañarla hasta el terminal de autobuses. (página 10)
De su afinidad para su barrio/ ciudad-
Devolví el libro a su sitio, tomé mi chaqueta que colgaba del respaldo de una silla y salí de la oficina. Un sol otoñal se deslizaba por las veredas, alumbrando los pasos de la gente, los colores de sus vestimentas y sus rostros. Encendí un cigarrillo y me detuve en la esquina de Bandera y Aillavillú. Estaba en mi barrio y entre su gente. Hacía la izquierda podía ver el letrero de la Sombrerería Olguín, el Hotel Bandera y los letreros llamativos del Rey del Pescado Frito. A mi derecha, la calle Aillavillú. El restaurante Victoria, la entrada a un salón de pool, una pajarería, los muros colorinches de La Piojera, la Tienda Scuttie, el Touring Bar, el restaurante Chicha y Chancho, ya la vuelta de éste, el Tú y Yo, un café que ofrecía el espectáculo de unas obesas y cansadas bailarinas. Si, estaba en mi barrio y entre su gente.
(página 37)
Como intelectual/escritor-
Estaba en mi oficina y la visión de los estantes repletos de libros me daba una extraña seguridad. En ellos estaban aquellas frases que solía recordar para reafirmar mis pensamientos o estados de ánimo. Entre esos libros bebía estar la carpeta azul con mis poemas escritos en la universidad y que por años, en secreto, revisaba, no como si fueran realmente míos, sino de alguien lejano, de ese joven que ya no volvería a ser, por edad y por dolores. (páginas 36-37)
De su cinismo/dureza
Al hablar con Bernales, un policía
Hace años que la justicia dejó de ser una vara de medida. Existe en los libros, se habla de ella en los discursos, pero nada más. Frases huecas. El circo prende sus luces, pero los payasos siguen siendo pobres. Este país no tiene arreglo porque cambió las utopías por la fanfarria, la verdad por los acomodos, la lucha por el consenso. Nos vendimos os nos vendieron. (página 129)
De su amistad interesante con Simenon
Acaricié la barbilla de Simenon y éste se estiró sobre mis piernas, simulando una breve resistencia con sus patas delanteras. Su pelaje había blanqueado en los últimos años, perdiendo el tono ceniciento que lucía al llegar a mi departamento.
-¿Te acuerdas de la época en que nos conocimos? Ahora en una colección de imágenes borrosas. Nombres, hechos, lugares. Todo perdió sentido. ¿Te has dado cuenta de lo poco que va quedando del antiguo barrio? Las mercerías han sido reemplazadas por depósitos de ropa usada o baratillos chinos. Los bares se cierran, y en los toples sobreviven unas bailarinas cada vez más viejas y lánguidas. De aquí a dos años, vendrán nuestro edificio y construirán en su lugar una torre para ejecutivos de corbatas anchas y corazones del tamaño de una calculadora.
-¡Qué ánimo! Veo que la jugada de Bernales te jodió el dia. ¿Qué tal una copa? (le “responde” Simenon a él)
-Hace unos días hablabas de beber lo justo o casi nada.
- Uno tiene derecho a cambiar de opinión.
-¿Quién te entiende, Simenon?
-¿Por qué no buscas a Griseta?- retrucó el gato sin prestar atención a mi pregunta.
(página 240)
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