La novela “El Hombre de Montserrat” es ficción, pero al mismo tiempo, trae a la luz acontecimientos reales que experimentó mucha de la población de Guatemala. El autor presenta las sucedas de su país sin hacer comentarios directos acerca de sus opiniones. Sin embargo, el lector puede sacar del texto el mensaje que Liano quiere trasmitir a través de las experiencias de sus personajes, especialmente desde el punto de vista del protagonista, el teniente Carlos García.
No se puede quitar importancia de la crítica social presente en la novela, porque destaca temas desconocidos o ignorados por mucho del mundo. Cuando se publicó la novela, los comentarios que hizo el autor indirectamente eran radicales de tal manera que tenía que cambiar nombres en su novela, para que nadie supiera que toma lugar en Guatemala, más que nada por las referencias al genocidio de la gente indígena. Incluso su editor en México le tenía miedo del ejército guatemalteco.
El autor explora tres temas importantes de la crítica social: las medias de comunicación, la política de la época y el genocidio de la gente indígena.
La política de la época
Como mencionado antes, Dante Liano tenía que cambiar los nombres de personajes y lugares en la primera versión del libro para que nadie pudiera identificar que la novela toma lugar en Guatemala, incluyendo el nombre del Presidente del país. Sin embargo, todo lo que hizo era cambiar los nombres, y no las descripciones u otras pistas presentes en el texto.
El teniente García hace referencia al Presidente de la República de Guatemala, General Juan Manuel Schwartz Quirón, aunque en realidad parece señalar a un presidente verdadero, General Fernando Romero Lucas García, quien gobierna el país entre 1978 y 1982. Esta referencia queda claro porque incluye una descripción física del presidente: “…un militar enorme, de pelo negro hirsuto, cejas como brochas y mostachón de bandido no despegaba los ojos del papel que iba a leer” (Liano 80).
Este retrato no es suficiente, sin embargo, para distinguirlo de otros presidentes. García se niega a escuchar a este político en la televisión, diciendo que no quiere escuchar más discursos. Con esta acción, tal vez el autor quiere demostrar la afinidad que tiene el teniente por actuar en vez de discutir. En cualquier caso, le dice a su mujer, “¿Sabés cuánto se acaba de embolsar este viejo con el negocio de la hidroeléctrica?” (Liano 80). Esta cita refiere a la hidroeléctrica Chixoy, un proyecto ambicioso desarrollado durante la época del Presidente García y continuado durante el régimen de Efraín Ríos Montt. La construcción de este sistema fue financiada con la ayuda del Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) (La Represa Chixoy).
Esta obra tenía varias consecuencias, incluyendo “la inundación de 3,870 manzanas (alrededor de 2,000 hectáres) de tierras agrícolas, así como la desaparición de 23 aldeas o localidades, 471 viviendas, 10 edificios públicos, 45 sitios arqueológicos y recursos naturales - afectando a cerca de 3,500 personas” (La Represa Chixoy). También resultó en la masacre de mucha gente indígena, quienes se negaron a mudarse de su tierra. .
Con el comentario de Carlos García el autor querría transmitir que las motivaciones del Presidente García no eran para el bien de su país. Ganó mucho dinero con esta nueva tecnología y, aunque no es declarado por el teniente, los que reconocen la referencia saben de las trajedías la Chixoy causó la gente indígena de Guatemala.
Aparte del gobierno corrupto de Guatemala, “El hombre de Montserrat” también comenta sobre las influencias extrajeras en el país. El Teniente García trabaja con un estadounidense, y las diferencias culturales entre ellos siempre están presentes en sus interacciones. Por ejemplo, un día cuando llega a su trabajo tarde, el narrador expone: “El extranjero ya estaba allí, preciso y puntual como siempre. ‘Mornin’ musitó, sin levantar la cara de los papeles que estudiaba. ‘Buenos días’, le contestó García” (Liano 15). García siempre muestra algún desdén hacía su compañero de oficina, cuya resistencia de usar español exhibe una falta de respeto para la cultura guatemalteca.
Las descripciones físicas del extranjero tampoco son positivas. Lo pintan como un hombre malvado, lo que se supone refleja su carácter. “Era rubio, zarco y nervudo. Era también feo, marca de fábrica de todos los asesores. Tenía cara de malo, con la boca fina y los dientes parejos, las orejas puntiagudas y los ojitos pequeños y claros que perforaban como los del diablo” (Liano 16).
El autor usa a esta figura extrajera como medio para criticar los países extranjeros que querían meterse en la política de Guatemala por su propio bienestar. Durante toda la novela, se desarrolla esta caracterización del extranjero como egoísta, agresivo e insensible. Por ejemplo, mientras van a una casa de guerrilleros para presenciar su derrumba, Carlos García piensa que “para el asesor daba lo mismo Guatemala o Salvador o Medio Oriente. Lo principal era echar riata” (Liano 47). Sin embargo, es útil llevarle al corriente, porque tiene poder. Cuando llegan a la casa, “la autoridad del extranjero les abrieron el paso” (49).
Al final de la novela, aunque Guatemala se ha experimentado un cambio político, todavía están presentes los extranjeros. Dante Liano deja al lector con una descripción final de ellos: “...siempre un grupo aparte, que hablaban inglés y que seguían tratando a los nativos con el frío asco del misionario” (132). El mensaje queda claro: no se puede quitar los extranjeros del país ni asimilarlos a la cultura.
Los medios de comunicación
Un tema corriente en la novela es la burla de los medios de comunicación, y más que nada los programas de televisión y su tendencia de sensacionalizar las noticias. Esta crítica queda más clara cuando el teniente García testifica la derrumba de una casa de guerrilleros. Gracias al programa de computadora que creó él, las autoridades han encontrado esta casa y van allí con la intensión de destruirla y los habitantes, según lo que dice el asesor americano, “Los vamos a hacer polver...Quiere venir a ver?” (46).
Mientras el asesor y el teniente observan el conflicto, los corresponsales narran los acontecimientos que se despliegan. El efecto de esta estrategia empleada por Dante Liano tiene dos aspectos: por un lado, deja a los lectores entender lo que está pasando, por ejemplo cuando el reportero entrevista al General Vargas, y al mismo tiempo, la manera sensacionalista que describen la escena les da a los lectores una sensación de disgusto.
Es importante reconocer que las noticias vienen combinadas con anuncios. Este hecho destaca que son las compañías los que tienen control de los medios de comunicación. Por ejemplo, después de entrevistar al general Vargas, el reportero habla a la cámara:
“En directo y a todo color, este es el Noticiero Qué Mundo, desde donde se produce la noticia, transmitiendo en vivo y a color, a través de Canal Uno, el Canal de los Grandes Espectáculos, por una cortesía de Cerveza Castel, sabor ganador, del Banco Hipotecario y bajo el patrocinio de Alka Seltzer, con información de....! UUUULTIMA HORA!” (Liano 51-52).
Después de leer esta cita, el lector sabe el poder que las compañías poseen en Guatemala, además de sentir asco por referir a la situación como un “espectáculo”.
Cuando cae el primer muerto, el reportero se pone entusiasmado y pregunta al camarógrafo, “¿Lo agarraste, vos, lo agarraste?” (Liano 55). Muestra una actitud explotadora e insensible frente la pérdida de vida humana, una postura tal vez alimentada por el gran número de muertos que vieron durante esta época. Este comportamiento casual frente la violencia se cambia, sin embargo, cuando el ejército saca y usa un tanque contra la cosa y sus habitantes, pero el aspecto oportunista no se desaparece. Después de ver el daño, se puede ver un cambio en el reportero: “El reportero...tenía la cara blanca y estaba temblando. Como contraste, la voz le salía limpia y profesional...” (Liano 57). El chofer de la camioneta de televisión no se puede contener, sin embargo, y vomita debido a la escena asquerosa.
El reportero se incorpora desde luego, porque le da cuenta que nada se le puede pasar a él por la distancia. Según el narrador, él “había tomado confianza y comentaba unos pasos más adelante. Había recuperado el color.” (59), así que, los afectos de la escena se le ha pasado por el momento.
Al caer la casa por fin, el reportero “hablaba de triunfo contra la subversión y de defensa de la democracia” (Liano 60). Aunque Dante Liano no expresa explícitamente sus opiniones, el contraste entre los comentarios del reportero, obviamente influidos por el gobierno, y la escena asombrante deja a los lectores con un sentido de repugnancia. El reportero y el camarógrafo corren hacía lo que queda de la casa, el primero narrando la escena, mientras que el teniente García le da un bofetada al chofer y “lo abandonada a su futuro de insomnios y pesadillas.” (61).
Otro tema importante de la novela, aunque menos expandido, es el poder que tenía las medias de comunicación, aunque su inserción tal vez tiene más que ver con el poder correspondiente de los Estados Unidos y otros países extranjeros. El ejemplo más convincente de este aspecto es cuando Tono se mete en problemas y llama a las dos fuentes de poder que tiene para sacarle del lío: su cuñado militar, el teniente García, y su amigo periodista, quién advierte a la prensa. Aunque es García la persona que le salva al final, la influencia que los periodistas tienen en la situación está evidente. Como comenta el general Vargas, “Imagínese. Si pueden fotografiar el secuestro de uno, el pistajal que les pagan en el extranjero.” (93).
El genocidio de la gente indígena
La escena más chocante de la novela es cuando García y su tropa destruyen una aldea entera y matan sistemáticamente a todos los habitantes. La novela narra actos espantosos que sufrió la población indígena del país durante la época de la novela. Existen muchos testimonios de los masacres de la gente indígena, narrado por las victimas, como los que sobrevivieron la tragedia de la Hidroeléctrica Chixoy. Estas masacres verdaderas fueron negadas no sólo por el ejército guatemalteco, pero también por el gobierno de Guatemala y otros gobiernos extranjeros. La inclusión de la masacre de gente indígena en la novela saca a la luz la verdad de lo que pasó en Guatemala. Por supuesto, esta novela es ficción y no un testimonio verdadero, pero relata acontecimientos reales y tal vez inspira al lector a aprender más acerca de este genocidio, incluyendo leer testimonios verdaderos de la época.
Algo innovador de la novela es que el narrador de la masacre es un militar. Si el lector sabe algo acerca del genocidio de la gente indígena, probablemente ha leído testimonios de los sobrevivientes. En la novela, sigue los pasos y procesos del teniente García, uno de los asesinos. Además, el teniente García no solamente participa en la eliminación de la aldea, pero también es la persona quien ordena la masacre. Incluso manda el genocidio porque la suplicación de los indios le molesta. Les dice a los soldados: “Gente hay de sobra en el mundo y de la mierda no debe quedar pero ni la semilla, ¿me oyeron? ¡Ni la semilla!” (117).
El motivo de la matanza es supuestamente para asesinar a los guerrilleros, evidente cuando García dice que “La selva era el puro frente. Enfrentarse con los guerrilleros. Seguirlos. Perseguirlos. Matarlos” (111), pero también eliminar a las personas que los auxilian a los guerrilleros con comida y provisiones. Para los soldados, la perdida de vidas inocentes parece de ser algo aguantable, porque lo más importante es ganar la lucha. Como García explica a su cuñado, “Ninguna guerrilla le puede al ejército nacional. Porque estamos dispuesto a todo. Si hay que acabar con todos, a todos nos los echamos. Esa es nuestra ventaja: no tenemos ideales.” (103).
Aunque para Carlos García y los otros soldados no es importante para qué se luchan, de todos modos la novela presenta el racionamiento de las autoridades. García recuerda a su entrenamiento y las palabras de su instructor, quien dijo “´El buen médico extirpa el órgano infectado para que el cuerpo sano pueda vivir...Nosotros somos los cirujanos de este país. Y si nosotros no se le hacemos a ellos, ellos no lo harán a nosotros.´” (117). Entonces las autoridades se creen los salvadores del país, quitando el mal de encima y que cualquier acto es justificable para alcanzar su meta. Esta idea choca con la representación de la gente indígena en la novela, quienes no tiene recursos para defenderse ni parecen de ofrecer ningún amenaza.
Las narraciones del genocidio llenan a los lectores con un sentido profundo de asco e inquietud. La manera casual que el teniente García hace referencia a los actos espantosos que cometieron resulta perturbador, especialmente cuando explica que los soldados eran cansados después
“Porque matar gente cansa. Al principio tenía la diversión de lo nuevo; luego, repitiéndolo, cansaba como todo oficio. Para los soldados, matar indios se había vuelto una tarea tan fastidiosa como cualquiera otra del servicio militar” (Liano 118).
Parece que el autor quiere horrorizar el lector de tal manera que no se puede ignorar las atrocidades cometidas en Guatemala. Quiere primero proveer una representación verosímil de lo que pasó y luego inspirar al lector de aprender más de los hechos verdaderos.
Al final del libro, García tiene una pesadilla acerca de su última acción oficial del ejército en la selva: volar en el helicóptero que deja caer napalm sobre el sitio donde sufrieron un ataque de guerrilleros. Es una demostración de los recursos superiores que tenía el ejército guatemalteco, gracias a los Estados Unidos, y la opinión verdadera del autor acerca del genocidio de los indios:
“El coronel volteó a verlo. García descubrió, con horror, a la luz de las llamas levantadas por el napalm, que el coronel se pintaba la cara. Tenía delineados los ojos, la piel brillante por las cremas y los labios de rojo. Le dijo:
- No se impresione, teniente. Todo lo que ocurre, tiene que pasar
por fuerza.
- ¿Dios? – lo interrogó García.
- Peor: nada” (Liano 125). |