El lenguaje de una novela policial es importante porque es una característica distintiva del género. Según Ilán Stavans, “La novela policial ha permanecido como un género altamente popular porque, sobre todo, es placentera y ‘no sería considerada divertida para mucha gente si no fuera también fácil de leer’” (45). Además, dice que “…implica un diálogo continuo y alternado entre personajes, en especial el detective y su interlocutor, que va anunciando los razonamientos y siguiendo los pasos de la lógica. Se añade a esta técnica el idioma pintoresco y nada elevado…”(45). Estas descripciones describen un lenguaje coloquial, informal, y cerca del público para el cual se escribió la obra. El hombre de Montserrat sigue esta línea de pensamiento en cuanto al lenguaje y utiliza términos coloquiales de Guatemala en su discurso. Hasta el mismo autor, Dante Liano, en una entrevista con los estudiantes graduados de Bowling Green State University que todavía no se ha publicado, describió el género policial como una literatura que tiene como función principal el entretenimiento de la audiencia. Además, Liano contó que al publicar el libro la imprenta no quería que se reconociera el país en el cual tiene lugar la historia y pidió que Liano cambiara los nombres de los sitios importantes en el libro. Sin embargo, aunque en la edición del libro que se publicó en México tenía otros nombres, el público reconoció la verdadera lugar de la acción porque aunque los nombres de lugares no son reales y no existen en Guatemala, la gente en el libro habla como guatemaltecos. Al final, la ubicación verdadera de las acciones se reconocía por el lenguaje cotidiano en la historia.
Un ejemplo de un elemento guatemalteco en el lenguaje es el uso del dinero específico del país. En Guatemala el dinero es el Quetzal y en un pasaje del libro se menciona este dinero por nombre, un detalle que rápidamente da un toque de verosimilitud a la historia y hace que la gente de Guatemala se relaciona más con el texto. En la página 81 del libro dice, “Sin decir nada, su mujer sacó un fajo de billetes de cien quetzales. Eran todos sus ahorros.” También dice “Nos robó como mil quetzales.” Además de ubicar la acción de El hombre de Montserrat en Guatemala, el país del dinero quetzal, el uso del dinero da al lector una idea más o menos de cómo puede ser ése dinero. Por lo menos se sabe que hay billetes y que existen billetes de cien.
Otros ejemplos del lenguaje local se ven en términos cotidianos. En esta obra se habla mucho de la policía y el lector al final sabe que en Guatemala se refiere a un policía como un “oreja.” Por ejemplo, “¡Éste es el oreja que dejé ayer junto al cadáver de Montserrat!”(68). O, también, “¡El oreja, hombre! ¡El oreja al que le diste lustre!”(68). Parece ser que el término típico para un policía en Guatemala es oreja porque en la gran mayoría de los casos se prefiere “oreja” a “policía” en el libro.
Un tercer término típico de Guatemala y también latinoamérica en general “mijo” o “mija” como término de cariño o una relación cercana. Primero, el uso de “mi hijo” para llamar a alguien que realmente no es un hijo o una hija del hablante establece un rasgo del habla en Guatemala. Y luego, se ve en la manera de representar la palabra por escrita en el libro que la pronunciación guatemalteca de “mi hijo” junta las letras y quita cualquier pausa que se podría producir. Un segundo ejemplo de la escritura como guía de pronunciación se ve en el uso de “usté” en lugar de “usted.” El libro dice, “Ya lo sabía, teniente: usté está metido en esto hasta la coronilla”(78). Esta pronunciación no aparece en todos los personajes, pero su apariencia en el habla de algunos refleja la pronunciación de varios grupos en Guatemala y en otras partes de América Latina, los que mantienen la “d” de “usted” y los que mantienen el énfasis en la “e” pero no pronuncian la “d.” Otra vez, se ve la atención al detalle que provoca una sensación de informalidad en la escritura y refleja la realidad actual del país. Aunque estos rasgos no son exclusivamente de Guatemala, es cierto que todavía dan un toque de autenticidad al lenguaje en el libro. Establecen el tono de la novela y en muy poco tiempo permiten que el lector sienta metido dentro de esta realidad verosímil, dan más credibilidad a la historia, y explica sin palabras explícitas el registro de la obra. Evidentemente, no es un lenguaje formal y se nota esta característica inmediatamente.
Un aspecto regional en la gramática que se nota en el lenguaje del libro es el uso de “vos.” Muchos países hispanohablantes usan la forma “vos” y el habla en Guatemala cae entre ellos. Para una persona de Guatemala, un libro que usara “tú” no sería tan creíble o real como el uso de “vos.” Por ejemplo, “¿Qué tal, vos?” y luego en la misma conversación “Te voy a molestar poco tiempo” y “¿Así que vos no sabés que Barnoya era socio de Frankie Herrera?”(31). En los ejemplos se ve que el pronombre en Guatemala para referir a una persona de una manera informal es “vos.” Luego, también se ve que el complemento para la forma es “te” (igual a la forma “tú”). Y, al final se ve un ejemplo de la conjugación verbal de “saber” en el uso de “sabés.” De esta manera el diálogo de los personajes es más creíble.
El uso de detalles específicos del país, los términos particulares del país, la representación de la pronunciación en el país y la gramática del país da otro nivel a la historia y crea una sensación de verosimilitud o cercanía a la realidad. Todo eso ayuda a que el libro consiga tener un impacto en el lector.
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